Adrian Torres, chef ejecutivo de Maximo, trabaja en cocinas desde los 18 años, pero su pasión por la cocina viene de mucho antes. En la clase de economía doméstica de la preparatoria, participó en su primer concurso de cocina. Cuando las escuelas culinarias de sus sueños lo rechazaron por ser beneficiario del programa DACA, Torres se matriculó en San Jacinto como estudiante universitario de primera generación. Lo que en su momento pareció un revés se convirtió en una bendición cuando sus profesores y directores del programa vieron algo especial en él desde el principio, reconociendo su talento y su afán de aprender.
Al mismo tiempo que Torres comenzaba la universidad, empezó a trabajar en el aclamado restaurante Xochi, donde valoró la oportunidad de aprender y crecer en un entorno dinámico, y de ampliar su comprensión de la gastronomía mexicana. En Belly of the Best, que desde entonces ha recibido el reconocimiento Michelin, Torres aprendió lo que significa ser chef, no solo cocinero, lo que reforzó aún más su ética de trabajo y su afán de superación.
Ahora, como chef ejecutivo de Maximo, Torres valora enormemente los lazos que forja con su personal, y no hay nada que le guste más que servir un plato del que se sienta orgulloso y observar el deleite de un comensal al dar el primer bocado.